Que fue primero, ¿El asteroide o el planeta?

16 de Enero de 2015

El origen de los planetas de nuestro Sistema Solar no es un relato cerrado, sino uno en el que en las últimas décadas, gracias a las misiones interplanetarias y a la mejora en las técnicas analíticas, hemos podido escribir muchos nuevos capítulos y reescribir los ya existentes.

Y es que en los últimos 4600 millones de años que han pasado desde que comenzó la formación de nuestro Sistema Solar, se han borrado muchas pruebas y pistas que nos hablen de los orígenes, siendo en la mayoría de ocasiones los meteoritos, asteroides y cometas los únicos testigos casi inmutables desde aquel remoto pasado.

 

Figura 1. La formación de los sistemas planetarios tiene siempre un inicio convulso, con múltiples colisiones y migraciones orbitales. NASA.

Figura 1. La formación de los sistemas planetarios tiene siempre un inicio convulso, con múltiples colisiones y migraciones orbitales. NASA.

Seguro que muchos de nosotros, la mayoría, ha escuchado que los asteroides son los ladrillos a partir de los cuales se formaron los planetas. Y tiene su sentido. Veréis, para resumir un poco y no hacerme muy extenso, antes de existir nuestro Sistema Solar lo que había era una gran nebulosa formada por gas y partículas de polvo.

Estas partículas irían colisionando las unas con las otras formando cada vez cuerpos de mayor tamaño, desde un grano de polvo hasta decenas de kilómetros de diámetro. Sería lógico pensar que de las colisiones de estos cuerpos menores al final irían surgiendo los planetas. Los que de alguna manera “sobraron” o no pudieron formar planetas, quedaron principalmente concentrados en lo que hoy conocemos como el cinturón de asteroides, y que se encuentra entre las órbitas de Marte y Júpiter.

Pero, ¿Y si la historia fuese de otra manera?.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Purdue y del Massachusetts Institute of Technology ha llegado a una conclusión sorprendente: Las colisiones entre los cuerpos primigenios y que dieron lugar a los planetas podrían ser en realidad el origen de los asteroides, y no los asteroides los bloques a partir de los que se formaron los planetas, como se piensa en la actualidad.

Para llegar a esta conclusión han tenido que estudiar los meteoritos. Llamamos meteorito a los trozos de asteroide que caen sobre la superficie de cualquier planeta o luna (aunque parezca sorprendente, hemos estudiado meteoritos que han caído en Marte) y cuya composición puede variar según sea su origen. Hay meteoritos rocosos, metálicos, con compuestos orgánicos… hay una gran sistemática de estos y de las que algún día os hablaré con detalle.

Concretamente, para realizar esta investigación han estudiado un grupo denominado como  condritos, unos meteoritos rocosos que se formaron por la acreción de granos de polvo de distinta composición y que no han sufrido ningún tipo de alteración por la fusión o diferenciación en el asteroide del que provienen.

De alguna manera podría decir que estos meteoritos son “primitivos” puesto que como decía arriba apenas han sufrido alteración desde su formación, más que la propia de la exposición al medio interplanetario. En estos meteoritos encontramos los cóndrulos, unos granos redondeados que proceden de fundidos (normalmente de silicatos) que posteriormente al enfriarse han quedado solidificados con esa forma de esfera.

Figura 2. Sección de un condrito donde se observan en su interior numerosos cóndrulos. Esta sección tiene aproximadamente unos 10 centímetros de lado. NASA.

Figura 2. Sección de un condrito donde se observan en su interior numerosos cóndrulos. Esta sección tiene aproximadamente unos 10 centímetros de lado. NASA.

La teoría más aceptada dice que los cóndrulos se formaban en la nebulosa planetaria en lugares relativamente cercanos a la estrella, donde la temperatura era suficiente para llegar al punto de fusión de elementos como el Silicio, Hierro, Magnesio, Calcio… y que posteriormente tras su migración a zonas más externas y enfriamiento serían incorporados a cuerpos de mayor tamaño.

Pero este equipo sugiere que el origen de los cóndrulos sería bien distinto: El impacto entre diferentes cuerpos es capaz de crear temperaturas elevadas que fundan esos elementos, y tanto en nuestro planeta como en la Luna hemos podido observar lo que se conoce como esférulas, material que tras un impacto era expulsado como fundido a gran distancia y que posteriormente caía sobre la superficie ya solidificado.

Fig. 3.

Figura 3. Esférulas lunares traídas a la Tierra por los astronautas del Apolo XVII. La más grande de la imagen tiene aproximadamente 0.2 mm de diámetro. NASA/Arizona State University, Digital Petrographic Slide Collection.

 

De hecho, las esférulas y los cóndrulos son de un tamaño, textura y formas idénticas, diferenciándose únicamente en la composición, fenómeno que puede explicarse porque se han formado en cuerpos diferentes. Los cóndrulos entonces serían los vestigios de una generación anterior y no un producto “primitivo”. Y por lo tanto, los condritos no serían meteoritos primitivos, sino de segunda generación. Y entonces, primero el “planeta” y después el asteroide.

En todo caso, la polémica está servida y sean certeras las conclusiones o no del estudio, estoy seguro que servirá para abrir nuevas vías sobre el conocimiento del origen de nuestro Sistema Solar.

Nahum Méndez Chazarra es geólogo, divulgador científico y autor del blog «Un geólogo en apuros».

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Mezclando la divulgación científica con las redes sociales e intentando vivir de esto.

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