La astroquímica astro-mola.

13 de Marzo de 2015

Qué les voy a decir yo. No voy a ponerme a estas alturas a decir que la astroquímica es un rollo, ¿no?

¿Cómo? ¿Que qué es la astroquímica?

Vaya, “con la Iglesia hemos topado, Sancho”, que todo lo quieren saber estas gentes.

Para poder aclarar un poco todo este embrollo, debemos remontarnos a los orígenes.

Hace ahora… un porrón de años, una muchacha de Almuñécar (costa de Granada, 19 kilómetros de magníficas playas), se enamoró de un chicharrero y se lio la manta a la cabeza dispuesta a comerse la isla de Tenerife. Con cuatro meses de paro y una hipoteca (de las de antes, ojo) cambió su vida y se quedó prendada de la preciosa isla y de sus gentes. Nada más llegar, la suerte quiso que en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) buscasen a alguien para trabajar en el gabinete de comunicación. Como a veces ocurre en estas historias, el amor dejó huella, pero pasó, y quedó la pasión por el lugar. Y algo más.

Aquello que empezó a hacer en el IAC con el Gran Telescopio Canarias (GTC) no era un trabajo. Aquello llenaba. Satisfacía como un buen plato de comida. Saciaba como el agua cuando hay sed. Llenaba resquicios y abría la mente como nada que hubiera probado antes. Aquello, queridos lectores, era ciencia. Y yo, aquella muchacha de letras, me sentí, por primera vez en mi vida, en mi sitio.

Mucho aprendí de astrofísica, de instrumentación, del importante factor humano que hay detrás de cada proyecto. Del amor por el conocimiento. De la pasión por aprender. Y también de las luchas por conseguir financiación; de las dificultades al crear grupos humanos; de las luces y sombras del trabajo científico; del lado oscuro de algunas personas que aprendí a detectar rápidamente. Aprendí muchísimo de diplomacia. Pero, sobre todas las cosas, descubrí quién era yo, cómo se llamaba aquello que estaba haciendo: divulgación científica.

Tras mi paso por el IAC, seguí trabajando con grupos que estudiaban cómo se comportan las galaxias, analizaban estrellas masivas, buscaban planetas fuera del Sistema Solar o intentaban ir cada vez más allá, más cerca del origen del universo. E incluso con gente que buscaba el origen de la vida desde sus múltiples áreas de estudio (¡toma ya!). Tuve la suerte de poder meter las narices en grandes proyectos a nivel europeo (me sentía como Charlie en la fábrica de chocolate, todo era impresionante y maravilloso).

Y, hará casi un año ya, descubrí la astroquímica. Ya había tonteado con ella en un congreso que cubrí en 2011, pero esto está siendo la bomba. A mis más de cuarenta años he cambiado de campo. No es un cambio radical, claro, sigo rodeada de personas que estudian mirando al cielo. Pero esto es más específico. Van más al detalle: estudian la composición química, la abundancia de elementos en distintos entornos del universo. Me explico.

La astroquímica (o astrofísica molecular) tiene dos áreas principales de estudio: una es el medio interestelar – zonas frías del cielo, aparentemente vacías, pero en las que el gas y el polvo van haciendo buenas migas y acaban dando a luz estrellas (y, por tanto, planetas) de diversos tipos-; y otra son las envolturas de estrellas evolucionadas (alerta: “palabros”).

A ver si logro explicarme con esto de las envolturas de estrellas evolucionadas (perdónenme los puristas, sé que mis ejemplos son un poco bestias, pero ahí van). Imaginen a una estrella como un terrón de azúcar muy compacto. Ahora imaginen que, en su proceso de envejecimiento, la estrella actúa como cuando metemos ese terrón en un vaso de agua. Lógicamente, habrá partes del terrón que se irán disolviendo en el agua. De la misma manera, la estrella va soltando al medio que la rodea el material que va eyectando. Aún quedará una parte central del terrón en forma sólida, pero la mayor parte del material se habrá liberado en el entorno.

Bien. Pues cuando la estrella empieza a liberar su material, ahí, en ese preciso instante, nacen los granos de polvo. Pero no sabemos mucho más de ese “preciso instante”.

¿Que por qué son importantes los granos de polvo?

Ay, amigos, para eso tendrán que leer un cuento que habla de estas cosas (o escucharlo aquí a partir del minuto 36:00).

Digamos que, entre el gas y el polvo, la lían parda allí arriba.

Yo trabajo para un proyecto que se llama ASTROMOL. Y la gente con la que trabajo en el Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (CSIC) tiene los ojos puestos en otro proyecto: NANOCOSMOS, cuyo objetivo es reproducir en un laboratorio todo eso que os acabo de contar de la estrella viejuna moribunda para ver si así aprendemos más sobre cómo nacen los granos de polvo.

Sé que este blog lo lee gente que sabe mucho: para ellos, disculpen mi lenguaje excesivamente fiestero. Para todos los demás, espero haberme explicado con claridad. No sé si este post cumple con las expectativas del blog. Sólo sé que sin las historias humanas, a veces no sentimos como propias las historias de ciencia (o ninguna otra clase de historia). Sé que la empatía es la vía para llegar al corazón. Y que no tengo por qué explicarles lo importantes que son la ciencia y la divulgación científica para el avance de la sociedad, para generar una inercia hacia la justicia y para la mejora de nuestra calidad de vida (tanto mental como física). Sé que ustedes entenderán que yo sienta verdadera pasión por este mundillo. Sé todo eso. Por eso la astroquímica astro-mola. 😉

Nebulosa_Orion_Astroquimica

Natalia Ruiz Zelmanovitch es licenciada en Traducción e Interpretación (francés e inglés) por la Universidad de Granada, experta en Planificación y Gestión Cultural (ULL-Fundación Pedro García Cabrera) y ha estudiado dos años de Arte Dramático en la Escuela de Actores de Canarias (EAC). Por cosas de la vida, se ha especializado en comunicación científica en astrofísica (yo tampoco me lo explico, la verdad). Actualmente forma parte de la Junta de la Asociación Española de Comunicación Científica (AECC). Colabora, ocasionalmente, con la revista Astronomía. Junto con el investigador Miguel Mas, forman el nodo español de contacto de ESON, la red de divulgación científica del Observatorio Europeo Austral. Está en las plataformas de divulgación Hablandodeciencia y Naukas. Colabora con una sección de astronomía para dummies en el programa de RNE “El canto del grillo”. Escribe cuentos un poco rarunos. Se ha metido en la piel de Henrietta Leavitt con el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y en la obra de teatro “El honor perdido de Henrietta Leavitt”. Y lo mismo le da ponerse una peluca que cantarte una canción, si con eso logra que te acerques un poquito a la ciencia. Y no me enrollo más que, si me dejan, me quedo a vivir en este blog. 😉

 

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Acerca del Autor

Mezclando la divulgación científica con las redes sociales e intentando vivir de esto.

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