Respuesta de Fernando Frías al comunicado de la Asamblea Nacional de Homeopatía

22 de febrero de 2018

Hace unos días nos entrábamos de que el Colegio de Médicos de Murcia había cedido una de sus salas a la celebración de unas jornadas sobre homeopatía.
Tras el revuelo en los medios de comunicación y redes sociales, y habernos posicionado en contra de las mismas, el Colegio decidió cancelar esa cesión. Algo que aplaudimos desde la ADCMurcia.
Fue entonces cuando la Asamblea Nacional de Homeopatía decidió escribir un comunicado defendiendo esta psicoterapia e insistiendo en su validez científica.
No podemos quedarnos de brazos cruzados y por eso hemos pedido a nuestro socio Fernando Frías (experto en desmontar este tipo de falacias) que lo aclarase en un post y este es el resultado:

Supongo que nadie se sorprenderá de que la Asamblea Nacional de Homeopatía emita un comunicado diciendo que lamenta la decisión del Colegio de Médicos de Murcia de no ceder su sede para la celebración de una jornada dedicada a esta práctica pseudocientífica. Pero lo que sigue siendo sorprendente es que, a estas alturas, la ANH siga empleando los mismos argumentos de siempre, que hasta ahora han resultado tan eficaces como sus remedios. O sea, nada.

Para empezar, la ANH lanza su particular versión de la falacia numérica: cerca de 10.000 médicos españoles, dicen, prescriben homeopatía. Se trata de una cifra a la que los homeópatas tienen un singular cariño, ya que no dejan de repetirla desde que apareció por primera vez en un comunicado de prensa de la multinacional Boiron, hace ya más que una década y sin citar ninguna fuente que permita comprobar que se basa en datos reales y no en que es un bonito número redondo. Y aunque esta vez la ANH, tras afinar más el tiro y precisar que son 4.400 pediatras, 700 ginecólogos y 4.300 médicos generales, sí que cita una fuente, seguimos sin resolver el misterio: el dato lo atribuyen a una carta que dos de sus miembros publicaron en la revista “Atención Primaria”, pero resulta que la cartita no solo da cifras distintas (7.000 homeópatas y 2.600 médicos generalistas), sino que tampoco dice de qué manga se las sacaron sus autores. En cualquier caso, sea cierto o no que 10.000 médicos (o 9.400, si sumamos las cifras de la ANH, o los 9.600 que les salen a los autores de la carta) prescriben homeopatía, es una cantidad deja de ser tan llamativa si la ponemos en su contexto: según el Instituto Nacional de Estadística en 2016 había en España 247.974 médicos colegiados, así que los que prescriben placebos homeopáticos (de forma ocasional o habitual, como dice la ANH) apenas representan un 4% del total.

Los homeópatas suelen usar esas cifras (las brutas, no el porcentaje, que queda más deslucido) como aquel dicho sobre la dieta de las moscas: si tantos médicos prescriben homeopatía será porque funciona. Pero esta vez el planteamiento es distinto: “son todos ellos médicos colegiados”, dicen, “y, como tales, contribuyen al mantenimiento de los colegios con el pago de sus cuotas. No se entiende por tanto la decisión del colegio murciano de revocar una decisión que no había despertado suspicacias hasta hacerse públicas las presiones”.

Así que ya ven: han cambiado una consecuencia por otra, pero la falacia sigue siendo la misma: que esos colegiados paguen su cuota no implica que su Colegio tenga que cederles sus instalaciones. Estoy seguro de que en el Colegio de Médicos de Murcia, como en cualquier otro grupo social, también habrá colegiados que pertenezca a los Testigos de Jehová, que sean forofos de la Selección Española de Fútbol, a quienes les guste tomarse unas cervezas los viernes por la tarde o que tengan como hobby los bailes de salón. Y, sin embargo, a nadie se le ocurriría que solicitasen el salón de actos del Colegio para llevar a cabo allí sus ceremonias, colocar una pantalla para ver los partidos de “La Roja”, montar una “Oktoberfest” o celebrar un concurso de tangos.

No: las instalaciones de un Colegio de Médicos están para actividades relacionadas con la medicina. Con la de verdad, no con, cito, “un ciudadano con la condición de licenciado o especialista pueda realizar en relación a sus convicciones, creencias, tendencias, ideología o cualquier otra circunstancia”. Pretender que el Colegio tenga que ceder sus instalaciones solo porque un grupo de colegiados lo pide es absurdo.

Y afirmar que el Colegio se niega a hacerlo porque ha cedido a no se sabe muy bien qué presiones es mezquino.

El comunicado de la ANH continúa con otro de los “argumentos” de siempre, diciendo que “basta con hacer una búsqueda en Pubmed para comprobar la existencia de más de 6.500 artículos indexados en esta base de datos [sobre homeopatía]”. Lo cual es más o menos cierto (en realidad a fecha de hoy son 5.566), pero también es irrelevante: sin ir más lejos, una búsqueda de la palabra “magia” proporciona 11.220 resultados, y no creo que nadie defienda que la magia es una terapia válida (o que sea el doble de poderosa que la homeopatía). Lo que ocurre, simplemente, es que la palabra “magia” aparece en el doble de artículos que la palabra “homeopatía”, pero ello no implica que todos esos artículos hablen de ella, que la evalúen o que ofrezcan resultados positivos. De hecho, si repetimos la búsqueda de “homeopatía” veremos que entre los primeros veinte resultados hay desde una petición con recogida de firmas hasta una reseña biográfica, pasando por artículos sobre normativa, especulaciones teóricas y hasta la descripción de un programa informático para uso en consulta. Pero evaluaciones hay pocas y en su mayoría negativas.

De hecho, la propia ANH debe de ser consciente de la debilidad de este “argumento”, porque intenta reforzarlo remitiéndonos a unos listados de lo que denomina “estudios más importantes”, aunque omitiendo el detalle de que han sido seleccionados por homeópatas. Claro que esta omisión puede ser un error, como cuando dice que la Organización Mundial de la Salud “aboga por integrar terapias complementarias como la homeopatía dentro de los sistemas de salud de los diferentes países” olvidando que, ¡ay!, aunque en su documentación la OMS cite algunas veces a la homeopatía y otras “terapias complementarias”, lo que pretende integrar no es eso, sino la medicina tradicional, y previa su acreditación de eficacia.

Y, como era de esperar, la ANH también mete la pata cuando intenta justificar que “la homeopatía es una práctica absolutamente legal en España”, mencionando que el art. 50 del Texto Refundido de la Ley de garantías y uso racional de los medicamentos contempla a los productos homeopáticos como “medicamentos”, pero olvidando que el mismo artículo 50 recuerda la necesidad de que sean autorizados y registrados, que el artículo 9 de la misma ley establece que dichas autorización y registro son requisito previo para su venta, o que el 111 tipifica como infracción muy grave la venta de medicamentos no autorizados. Que es lo que son precisamente los homeopáticos: en nuestro país solo se han dictado doce autorizaciones de productos homeopáticos (en el año 2012 y como “experiencia piloto”), y las doce han acabado siendo revocadas a petición del fabricante, que se cansó de pagar unas tasas de comercialización por ellos mientras que a los restantes laboratorios se les toleraba vender sus remedios sin autorización, sin registro y, en definitiva, sin ninguna vergüenza.

Pero aunque no fuera así y los productos homeopáticos estuviesen debidamente legalizados, este dato seguiría siendo indiferente. Que un producto sea legal no quiere decir que sea recomendable o beneficioso, ni que un Colegio profesional tenga que ceder sus instalaciones para su promoción. Legales son también los servicios de tarot telefónico (incluso más que los productos homeopáticos, porque ellos sí que cuentan con la preceptiva autorización), la publicación de horóscopos o el programa “Sálvame” de Tele Cinco, y no por ello tenemos que considerarlos buenos, convenientes o recomendables.

Y, del mismo modo, los productos homeopáticos podrían ser algún día legalizados como medicamentos, y hasta puede que se aflojase algún tornillo en el Ministerio del ramo y la homepatía fuese reconocida legalmente como especialidad médica (cuestión sobre la cual la ANH guarda un prudente silencio, claro), pero estaríamos en las mismas: esto los convertiría en productos y prácticas legales, pero no los haría ni eficaces, ni recomendables. No los convertirían en Medicina.

Que es a lo que, sabiamente, ha decidido dedicar sus instalaciones el Colegio de Médicos de Murcia, dejándose de cantos de sirena y de fantasías pseudoterapéuticas. Y hay que felicitarle -y felicitarnos- por ello.

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Comentarios

  1. Agustin Sanchez dijo: 28 de febrero de 2018

    Felicidades…que la ciencia y la sensatez gane terreno a los charlatanes y magufos!

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